Gourmet
A lo largo de la historia, las civilizaciones mediterráneas fermentaron su cultura a la par que crecía la uva, ungida por el pálpito de una tierra de extrema riqueza, que desarrolló las condiciones aptas para acoger lo que sería la cultura del vino, de hondas raíces tradicionales. Al ritmo de un clima cálido, la vid se extendió a lo largo de todo el Mediterráneo, arrastrando con ella un concepto de vida que nacía de las más íntimas consecuencias de querer extraer, de la tierra, el sabor arraigado de la creación.
Este sabor fue transmitido directamente desde las posibilidades que daba la naturaleza al conocimiento de los hombres: nació así el culto al vino, y con él, el buen hacer gastronómico se convirtió en todo un ritual, difundido de generación en generación. El alimento sin la sazón del vino pierde cuerpo y relevancia. El vino, protagonista indiscutible de la cronología humana en sus significaciones literarias, religiosas o festivas, no podía dejar de ser el alma de la gastronomía, uno de los significados profundos de la historia del hombre.

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